Entrevista con Laura Rovelli: “Un sistema científico que excluye a las mujeres no es realmente libre”

En conversación con la Coalición por la Libertad Académica en las Américas (CLAA), la investigadora aborda los desafíos de la equidad de género en la ciencia y la importancia de garantizar la participación plena de las mujeres para fortalecer la libertad académica, la democracia y los derechos humanos. 

En el marco del Día Internacional de las Mujeres, la Coalición por la Libertad Académica en las Américas (CLAA) conversó con Laura Rovelli, investigadora del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) y profesora en la Universidad Nacional de La Plata.

Especialista en políticas científicas, evaluación de la investigación y ciencia abierta, Laura Rovelli es una de las voces más relevantes en América Latina en el debate sobre los sistemas de investigación, la equidad de género y la libertad académica. En esta entrevista reflexiona sobre los desafíos que enfrentan las mujeres en la ciencia, las barreras estructurales en las carreras académicas y el impacto de los actuales recortes presupuestarios en el sistema científico argentino.

Como mujer referente en el campo de las políticas científicas y la libertad académica, ¿qué barreras has enfrentado a lo largo de tu trayectoria? ¿Ha habido momentos en los que tu autoridad o legitimidad hayan sido cuestionadas por razones de género?

Laura Rovelli – Es una pregunta muy pertinente e interesante. Podría decir que mi trayectoria académica comenzó como becaria del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas y, luego de doctorarme, pasé a ser investigadora. Justamente, podría señalar que quizás las mayores adversidades o desafíos surgieron en esa transición de becaria a investigadora y tuvieron que ver con momentos de mi vida personal que coincidieron con tareas de cuidado.

Eso no estaba contemplado en el organismo, particularmente en cuestiones vinculadas con la maternidad, en momentos en los que no existían licencias por maternidad para becarias.

Afortunadamente, luego de la lucha colectiva de las becarias, de las mujeres investigadoras y de distintos ámbitos organizados y sindicales, se lograron conquistar esas licencias y algunas otras mejoras. Pero diría que las mayores adversidades tuvieron que ver con eso: con momentos de alta demanda de productividad en la academia que coincidían con momentos personales de cuidados que, en ese entonces, no estaban contemplados en la carrera.

El ámbito académico es muy jerárquico y es un espacio donde existen distintas tensiones y desafíos. Aunque no haya enfrentado directamente cuestionamientos de género en relación con mi producción científica por el hecho de ser mujer, esa problemática existe.

Más bien, los problemas que enfrenté han tenido que ver con esa disociación estructural del sistema entre la trayectoria académica y las transiciones de la vida personal de las investigadoras.

Toda nuestra historia y nuestra vida, más allá del trabajo, también cuentan. Las mujeres muchas veces tenemos doble o triple jornada laboral y seguir una trayectoria académica junto con todas las demás responsabilidades todavía representa un desafío.

observamos que cuando existen licencias parentales incorporadas en los sistemas científicos, muchas veces son los varones quienes logran capitalizar esos períodos para aumentar su productividad académica. Esto muestra que hay mecanismos que persiguen una mayor equidad que todavía debemos revisar y mejorar.

Usted ha trabajado ampliamente en temas de evaluación de la investigación y políticas científicas. ¿De qué manera los sistemas de evaluación, promoción y reconocimiento académico reproducen sesgos de género? ¿Qué transformaciones estructurales considera urgentes para avanzar hacia una mayor equidad?

Laura Rovelli – Esta pregunta es muy oportuna porque, en primer lugar, hay que considerar que las mujeres, a nivel global, seguimos siendo uno de los grupos más vulnerables dentro de los sistemas científicos y de investigación.

Un estudio reciente de la UNESCO muestra que las mujeres constituyen apenas un tercio del personal de investigación en el mundo. En América Latina esta situación se refleja de maneras diversas: hay países con mayor equidad o incluso paridad, como Argentina, pero hay otros donde todavía existe una gran desigualdad de género en la distribución del personal de investigación, como por ejemplo Perú.

Una segunda cuestión tiene que ver con otro fenómeno que también se observa a nivel global y regional. Ha habido un incremento significativo en el acceso de las mujeres a la formación de posgrado, especialmente en maestrías y doctorados. Sin embargo, existe una creación insuficiente de nuevas oportunidades laborales en el mundo académico para absorber esa formación. Entonces se genera una brecha importante entre el acceso a la formación doctoral y las posibilidades reales de inserción laboral.

Como vos mencionabas, esta cuestión también está presente en las políticas de evaluación de las carreras académicas. Existen distintas distorsiones relacionadas con el acceso al financiamiento por parte de las mujeres. Diversos estudios muestran que, en una misma convocatoria, las mujeres tienden a solicitar montos menores de financiamiento y, en consecuencia, reciben menos subsidios.

Esto es algo que culturalmente debemos revertir, pero también existen sesgos en los procesos de evaluación por pares: en quiénes evalúan, en cómo se valora la producción científica y en cómo se interpreta la trayectoria de las investigadoras.

También aparece el problema de la productividad en momentos clave de la carrera que muchas veces coinciden con la maternidad.

Incluso observamos que cuando existen licencias parentales incorporadas en los sistemas científicos, muchas veces son los varones quienes logran capitalizar esos períodos para aumentar su productividad académica. Esto muestra que hay mecanismos que persiguen una mayor equidad que todavía debemos revisar y mejorar.

Para que la evaluación sea más justa, el sistema también debe ser más justo. Y esto requiere cambios estructurales en el mundo laboral, social y cultural que permitan promover una mayor equidad de manera estructural.

Sabemos que en muchos países de nuestras Américas las y los investigadores han enfrentado desafíos por recortes presupuestarios, y uno de esos países es Argentina. Contanos cómo han enfrentado estos desafíos y cuáles son los impactos específicos para las mujeres investigadoras. ¿Estas medidas profundizan desigualdades de género ya existentes?

Laura Rovelli – Efectivamente, estamos viviendo un contexto dificilísimo en Argentina para la educación pública en general, para la educación superior y también para las políticas científicas, a partir de la asunción de un gobierno de ultraderecha en 2023.

Hubo severos recortes presupuestarios para el área: reducción de salarios del personal docente, investigador y administrativo; recortes en becas; reducción del financiamiento para proyectos de investigación; y un desmantelamiento importante de organismos clave, como la Agencia Nacional de Promoción Científica, Tecnológica y de Innovación.

Toda la capacidad operativa de las universidades y de los centros de investigación se ha visto muy debilitada, limitada y restringida.

Existe una ley de financiamiento universitario que fue aprobada por el Congreso para garantizar el funcionamiento de las universidades, pero esa ley no está siendo implementada plenamente. Actualmente, distintos organismos del sistema universitario y científico están reclamando que se garantice el presupuesto previsto en esa ley.

Además, hay limitaciones en los ingresos a la carrera científica del CONICET. Hoy existen más de 800 ingresos pendientes: personas que fueron evaluadas positivamente y aprobadas para ingresar a la carrera científica, pero que aún esperan su incorporación por razones presupuestarias.

En ese contexto, las mujeres —especialmente las becarias— se ven afectadas de múltiples maneras: por la dificultad de acceder a cargos estables, por el deterioro salarial y también porque las agendas de investigación en temas de género han sido desplazadas de muchas de las pocas convocatorias existentes.

Diría incluso que esto forma parte de un problema más amplio. Hay una amenaza a las ciencias sociales, las humanidades y las artes, que han sido explícitamente despriorizadas por las autoridades actuales. Temas como género, desigualdad o cambio climático han sido desplazados en un contexto de discursos negacionistas de la ciencia, de la memoria y del cambio climático.

En su lugar se han priorizado áreas consideradas más productivas económicamente, como energía, minería, salud o tecnología.

Esto es muy grave, porque sabemos que cuando las mujeres participan en la ciencia tienden a introducir preguntas que afectan a poblaciones históricamente invisibilizadas, como las relacionadas con la salud, los cuidados o las vulnerabilidades sociales.

Además, estas desigualdades se cruzan con otras vulnerabilidades vinculadas con la clase social, la ubicación territorial o la discapacidad. Existe una fuerte interseccionalidad en las barreras que enfrentamos en el sistema científico.

También hemos visto situaciones de hostigamiento y censura hacia investigadoras e investigadores que trabajan en temas de género, desigualdades o cambio climático. Desde algunos sectores del gobierno se han promovido discursos violentos hacia quienes investigan o defienden estas agendas.

En el marco del 8 de marzo, ¿cómo analizás la relación entre igualdad de género, producción de conocimiento y libertad académica en Argentina? ¿Por qué garantizar la plena participación de las mujeres en la ciencia es también una cuestión democrática?

Laura Rovelli – El 8 de marzo es una fecha en la que conmemoramos la lucha de las mujeres trabajadoras, también en el ámbito científico y universitario.

La participación de las mujeres en la ciencia no es solamente una cuestión de equidad o de aprovechar nuestros talentos —aunque también lo es—, sino fundamentalmente una cuestión de derechos humanos.

Se trata del derecho a participar en la vida científica y académica y del derecho a beneficiarse de los avances del conocimiento.

Cuando una investigadora abandona la carrera científica no por falta de capacidad, sino por situaciones de acoso,  sesgos diversos, desigualdades estructurales, desfinanciamiento de líneas de investigación o porque la carrera fue diseñada como un trayecto lineal que no contempla las distintas etapas de la vida, estamos frente a una vulneración de derechos.

Además, una comunidad científica que excluye sistemáticamente a las mujeres, a las diversidades y a otros colectivos vulnerados no es realmente libre.

La libertad académica no solo se mide por libertad de cátedra y expresión —aunque eso sea crucial—, sino también por la posibilidad real de investigar, enseñar, producir conocimiento y vincularse con la sociedad.

Cuando ese derecho no puede ejercerse plenamente debido a brechas salariales, techos de cristal o segregaciones estructurales, tenemos que estar alertas.

Un sistema científico que excluye a las mujeres no solo comete una injusticia, sino que también deteriora la calidad de su propia producción científica.

Por eso es central seguir luchando colectivamente por un acceso y un ejercicio más equitativo de la ciencia en nuestra región.

En el marco de la campaña de la CLAA sobre mujeres y niñas en la ciencia, ¿qué mensaje le darías a las jóvenes que desean seguir una carrera científica en América Latina, especialmente en contextos de inestabilidad institucional y restricciones presupuestarias?

Laura Rovelli – A pesar de los contextos de inestabilidad y restricciones que mencionamos, generar redes de producción de conocimiento y redes de saberes en la academia sigue siendo, para mí, profundamente estimulante.

Es una tarea que me convoca, que me hace crecer y que me permite ampliar horizontes teóricos y metodológicos, además de intervenir en procesos sociales junto a comunidades que se benefician del conocimiento que co-producimos.

A quienes sienten esa vocación por la ciencia, les diría que sigan adelante. Es importante que las mujeres participemos y que lo hagamos en red, con solidaridad y cooperación.

En contextos adversos como el actual en Argentina, también es fundamental fortalecer los procesos de movilización colectiva y la articulación entre distintos espacios.

Necesitamos imaginar nuevas formas de enfrentar estos desafíos, con creatividad política y con organización colectiva.

Solo así podremos construir condiciones más justas para la participación de las mujeres en la ciencia.

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